Ayuno por ti
Ayuno por ti
 

El blog de Ayuno por ti

20.03.2018
Ayuno por ti
Ningún comentario
Queridos hermanos de AyunoXti,         Estamos en la recta final que nos introducirá en la Semana Santa, el momento culminante de nuestra fe. En la cruz que contemplaremos sangrante, pero también victoriosa, encontraremos el motivo de nuestra oración, el gozo de nuestra espera, la esencia de nuestra unión. Desde la cruz brota un manantial de salvación inmerecida. Muchos la rechazan y no caen en la cuenta del despropósito de rechazar algo no sólo tan valioso, sino que no habríamos podido jamás atrevernos siquiera a pedir. Es Dios quien sale a nuestro encuentro de esta forma y es por amor a nosotros. Un amor que sólo debería recibir un eterno agradecimiento y no los ultrajes y rechazos que recibe cada día. Este camino que Dios ha marcado es un camino que nos pide seguir con alegría en la Victoria ya acontecida, pero también con responsabilidad y esfuerzo. Para esto, en esta recta final, os invitamos a reflexionar en los tres elementos centrales de nuestro amor a Dios, para tratar siempre de tenerlos muy bien purificados y unidos. Os dejamos las hermosísimas palabras de San Pedro Crisólogo en su sermón número 43: Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, y la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno, en efecto es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlas, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca: que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído, a quien no cierra los suyos al que le suplica. Que el que ayuna, entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda, quien desea que le responda a él. Es un indigno suplicante quien pide para sí lo que niega a otro. Díctate a ti mismo la norma de la misericordia de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti. En consecuencia, la oración, la misericordia, y el ayuno, deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición. Recobremos, pues, con ayunos lo que perdimos por el desprecio: inmolemos nuestras almas con ayunos, porque no hay nada mejor que podamos ofrecer a Dios, de acuerdo con lo que el profeta dice: “Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias”. Hombre, ofrece a Dios tu alma, y ofrece la oblación del ayuno, para que sea una hostia pura, un sacrificio santo, una víctima viviente, provechosa para ti y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios, no tendrá excusa, porque no hay nadie que no se posea a sí mismo para darse. Pero para que estas ofrendas sean aceptadas, tiene que venir después la misericordia; el ayuno no germina si la misericordia no le riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza; lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno. Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios, y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno. Tú que ayunas, piensa que tu campo queda en ayunas si ayuna tu misericordia; lo que siembras en misericordia, eso mismo rebosará en tu granero. Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir; al dar al pobre te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro, no lo tendrás tampoco para ti. Así que, amemos con nuestra oración, con nuestro esfuerzo máximo en la caridad y siempre de la mano de nuestro ayuno y de nuestro rosario, buscando alcanzar cada día un esfuerzo mayor, para que el Reino de Dios esté en nosotros de forma cada vez más santa y permanente. Que Dios nos bendiga y la Virgen nos cuide, escuchando nuestras necesidades y peticiones, pero sobre todo acrecentando en todos nosotros el deseo ferviente del amor de Dios y el vivir según el Espíritu Santo y divino que nos manda. Paz y bien
12.02.2018
Ayuno por ti
Ningún comentario
Queridos ayunadores y amigos de AyunoXti, Este miércoles 14 de febrero empezaremos el tiempo de preparación a la Pascua, el momento más sublime de la liturgia y hacia donde todo apunta desde el principio. Es un tiempo de purificación y de renovación en el que debemos tratar de concentrar nuestros esfuerzos de forma especial, que no única, en acercarnos más a Dios. La alegría, el gozo, el júbilo, los placeres y bellezas de la vida son un modo, pero nunca serán tan sublimes como el sufrimiento y el sacrificio cuando son vividos por amor. Porque amar en lo fácil y agradable es menos exigente y muestra menos firmeza y profundidad que un amor que se manifiesta en el dolor. Es por este motivo que el ayuno, la cruz, el dolor, la limosna y en general todo acto penitencial, adquieren un valor único que por su fuerza, sana, libera, restaura y convierte. El amor que brota incluso en el dolor es una fuente de gracia cuyo alcance nunca entenderemos, pero que Cristo mostró como el camino más contundente para nuestra salvación, pues lo eligió por nosotros. Este miércoles empieza un camino cuyo valor debemos de rescatar con urgencia. A mayores males mayores entregas. Tanto mal que nos rodea y nos amenaza de tantas formas necesita de corazones capaces entregarse más allá de los mínimos que propone la Iglesia y que en muchas ocasiones son simplificados y reducidos por cada cual. Este miércoles no es un día para festejar San Valentín ni un día para disfrutar de cenas románticas y regalos, sino para mostrarle a Dios que realmente él es el centro de nuestra vida, siendo la primera opción cuando se interpone otra razón. Para el cristiano, cada día es un día para festejar el amor. Os invitamos a ser generosos en este tiempo, para ensanchar el corazón con renuncias y entregas. La Iglesia católica sólo pide dos días de ayuno al año (miércoles de cenizas y el viernes santo) en los que sólo "exige" a los mayores de edad que renuncien a una comida del día y a todos los mayores de 16 la abstinencia a la carne. Nosotros, desde AyunoXti, no nos conformaremos dando a Dios las sobras de nuestros esfuerzo y los mínimos que apenas rozan el cumplimiento canónico, sino que seguiremos con los ayunos a pan y agua los miércoles y, además, os invitamos a quienes podáis a doblar los esfuerzos, por ejemplo a introducir también el viernes o, para quienes no ayunen todo el miércoles, a ayunar, ese día, una comida más a pan y agua. Del mismo modo que en los tiempos de Pascua reducimos el ayuno para unirnos al júbilo de la Iglesia, ahora es momento de hincar la rodilla al suelo y hacer una penitencia que interceda por tantas necesidades que tiene la humanidad. Este tiempo de ayuno, limosna y penitencia puede verse concretado con el ayuno a pan y agua, el rosario y la misa diaria, la confesión frecuente y con mortificaciones personales como renunciar a la crítica, al lenguaje sucio o vulgar, pero también a la ironía y a la murmuración. Sin embargo, apostar por una forma de ayuno, no implica tener que dejar otras. El propósito de la Cuaresma es el mayor esfuerzo posible de uno mismo, no el mínimo. Pensemos que es amor a Dios que retorna en gracia y bendiciones. Al que le cueste, que pida la gracia a Dios de ver con humildad lo que realmente somos. Ese es el sentido de la ceniza, recordarnos la fugacidad de nuestra realidad, la inestabilidad de nuestra seguridad, la pobreza de nuestros deseos materiales de bienestar y el verdadero destino que tenemos, que es descansar en el Padre una eternidad. Ese deseo nos pone el corazón de rodillas y nos impulsa a ir en contra de la constante búsqueda de placer por amor a Dios y también por nuestros hermanos. Por terminar, este tiempo de Cuaresma lo dedicaremos enteramente por la salvación del mundo. Redoblaremos nuestros esfuerzos espirituales y físicos para que el mundo abandone el camino del ateísmo, del sentimentalismo, del relativismo y del placer sin medida y como fin último, así como todo lo que esté lejos de Dios o que nos aparte de Él. Pedimos una política justa, una sociedad de paz, unos poderes sin dictaduras. Entregaremos todas nuestras intenciones, y las que nos lleguen, para que sean escuchadas por Dios y las dejaremos en mano de nuestra Madre la Santísima Virgen María, quien conoce perfectamente lo que más necesitamos. Así, imitando un poco a los apóstoles dejaremos un poco de lado el correo y las redes para centrarnos más en el ayuno, la oración personal, el rosario que rezaremos todos los días que podamos, especialmente el de los miércoles.  Estamos a vuestra disposición para ver cómo profundizar en la penitencia y hacerlo por amor, así como para resolver vuestras dudas y seguiremos recibiendo peticiones para que el Señor la vaya escuchando. Un abrazo en Jesús y María, AyunoXti www.ayunoporti.es sacerdotefjpm@ayunoporti.es 
14.04.2017
Ayuno por ti
Ningún comentario

Hoy empezamos propiamente la celebración de "la Pascua", de "el Paso" o tránsito de Jesús, a través de la muerte a la "Vida Nueva", a la Gloria.

No celebramos sólo la muerte. Celebramos el paso del Señor al Padre, que es al mismo tiempo muerte y resurrección, humillación y exaltación, aparente derrota y victoria definitiva.

Ambos aspectos los celebramos como una gran unidad: la memoria de la muerte está ya impregnada de esperanza y de victoria. La gran Vigilia de la noche de Pascua, al anochecer del Sábado Santo, "la Noche entre todas las noches" recordará no sólo la resurrección sino todo el dinamismo del paso de la muerte a la vida: "Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado", proclamará el prefacio de Pascua.

Y con Él, que nos abre el camino, también nuestro paso de este mundo al Padre. Jesús nos abre el camino, y como Buen Pastor nos toma sobre Él y nos arrastra hacia el Padre, arrancándonos del poder del pecado y de sus consecuencias en nosotros y elevándonos con Él al Padre.

Según una tradición muy antigua en la Iglesia, ni hoy ni mañana se celebra la Santa Eucaristía (aunque actualmente podemos recibir hoy la Sagrada Comunión). En su lugar, esta tarde, hacia la hora que murió el Señor, tiene lugar la celebración de La Pasión del Señor. Lo que domina la liturgia de hoy es "la Cruz", signo de sufrimiento y de humillación pero también de amor, de victoria definitiva y de salvación. Cristo Jesús, como Sumo Sacerdote y en nombre de toda la humanidad, se ha entregado voluntariamente a la muerte para salvar a todos.

Hoy y mañana están marcados por la "austeridad" y el "ayuno". Pero no ya como signo penitencial (la Cuaresma terminó el Jueves Santo), sino como participación en el Tránsito Pascual de Cristo. Ayunamos hoy, Viernes Santo, pero la Iglesia recomienda prolongar este ayuno hasta la comunión eucarística de la Vigilia Pascual. Este ayuno es signo de que la comunidad cristiana sigue la marcha de su Señor, lo acompaña tras Él, a través de la muerte. Es un ayuno "lleno de esperanza" que desembocará en el inmenso gozo pascual de la Resurrección. La práctica antigua del ayuno consiste normalmente en consumir una sola comida al día para dedicarse a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración comunitaria

Un aspecto de este ayuno es la ausencia de celebraciones sacramentales en estos dos días. La comunidad ora, celebra la Pasión y la Cruz del Señor, se reúne para la alabanza de la Liturgia de las Horas,  para la meditación, como es el caso del Vía Crucis,  pero no celebra los sacramentos (excepto la confesión y la unción de enfermos si es necesario). La Iglesia "ayuna" obedeciendo a su Señor que nos dijo: "llegará un día en que se lleven al novio, entonces ayunarán". Esta austeridad se manifiesta también en el carácter sobrio de las celebraciones. No hay flores, ni incienso, ni música, el altar está despojado, el sagrario abierto y vacío.

Mañana en la Solemne Vigilia de Pascua, volverán las flores, las luces, las campanas, la música... y en proporción mayor a ninguna otra fiesta. ¡Y la fiesta durará 50 días!

El color litúrgico de este día es el rojo. Si lo es para los mártires, ¡cuánto más habrá de serlo para el Rey de los mártires

Desde la celebración de la muerte del Señor, por la tarde, ya no hay adoración de los fieles al Santísimo. El Señor no está, ha muerto.

Permaneceremos unidos en oración, junto a la Madre Dolorosa, a quien en este día hemos sido entregados, por su Hijo, a ella como hijos y ella a nosotros como Madre acogiendo conmovidos el don de nuestra Redención y esperando  la resurrección del Señor.

Unidos en adoración silenciosa y agradecida ante la Cruz: AC

Padre AC de AyunoXti www.ayunoporti.es

13.04.2017
Ayuno por ti
Ningún comentario
Muchos cristianos se han rendido a la rutina de la celebración eucarística y lo demuestran muchos comentarios sobre si el sacerdote es más aburrido, lento o antipático, datos absolutamente irrelevantes si sopesamos el profundo significado que tiene la celebración de la Eucaristía. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que  Jesús “instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura" (CIC 1323). Quiero destacar dos aspectos muy importantes con respecto a la Eucaristía con motivo de esta semana Santa y especialmente de este jueves, en el que recordamos la institución de la Eucaristía por nuestro Señor Jesucristo: lo que significa Eucaristía y qué sentido tiene que sea un memorial. La Eucaristía, un portal en el tiempo Es de gran ayuda conocer el rito judío para entender y apreciar muchos matices (y no sólo matices) sobre el significado de lo que hizo Jesús. En el rito judío de la cena pascual estaban (y lo sigue estando) ya presentes la bendición del vino (Kadesh o santificación), el lavado de las manos (Rejatz), la comida de tres panes sin levadura (Yajatz), la lectura del relato de la historia del pueblo judío (Maguid), la bendición del pan antes de repartirlo (Motzi-Matza), la bendición y acción de gracias (Barej), etc. Todos estos elementos se distribuyen a lo largo de una comida llena de simbolismo que acontece entre una mesa (para la comida) y un altar (para la liturgia) y que se recorre bebiendo 5 copas de vino que recuerdan la salvación del pueblo judío de Egipto (Éxodo 6,6-7) y la espera del Masías. Las primeras 4 copas son la copa de la bendición, de las plagas, de la redención y de la alabanza, mientras que la quinta copa es la de Elías. En la cena pascual tenía que haber un cordero aprobado por los sacerdotes y sacrificado “entre la caída de las dos tardes”, pero en la última cena de nuestro Señor no había cordero, algo que era permitido en caso de impedimento serio (como salir de viaje). En esos casos se podía celebrar la cena moviéndola antes de la Pascua y ya que Jesús tenía que morir la víspera de la fiesta, adelantó la cena. Los que  adelantaban la cena no podían tener cordero, pues el cordero se sacrificaba solamente en el templo, por lo que queda más evidente que el verdadero cordero era el mismo Jesús. Pero es especialmente interesante saber que tras la segunda copa, o copa de las plagas, en recuerdo de la ira de Dios sobre quienes no cumplen su voluntad (Exodo 6, 14 en adelante), Jesús dice unas palabras enigmáticas: “No volveré a beber del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios”. Entonces tomó el segundo de los panes (Aficoman) que había representado a Jesús mismo (segunda persona de la Trinidad) por siglos de celebraciones pascuales y pronunció las grandes palabras del sacrificio “este es mi cuerpo que será entregado por vosotros” en un lenguaje sacrificial propio del Templo y de los sacrificios culturales identificando el sacrificio del “Cordero Pascual”, que se entregaba y sacrificaba para  liberación y redención del pueblo, consigo mismo. Si ya con esto los apóstoles tendrían que estar con los ojos abiertos y la respiración contenida, ya que Jesús se identificó verdaderamente (que no simbólicamente) con el Cordero Sacrificial mismo, con lo siguiente quedarían totalmente alucinados: Jesús toma la tercera copa que en el Seder Pascual[1] corresponde a la Copa de la Redención  y dice: “Tomad y bebed todos de él, porque esta es mi sangre, sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.” En este momento, culminación de la antigua Pascua y comienzo de la nueva, el vino de la tercera copa pasa a ser la verdadera sangre del Santo Cordero inmolado en la cruz para la redención del mundo. Pero las sorpresas no habían terminado, sino que una mayor estaba por realizar Jesús. De forma insólita Jesús interrumpe la cena, no toma esa copa interrumpiendo el Seder al decir que no volvería a tomar vino “hasta que llegara el reino de su Padre” y tras los cantos de los salmos del Halel sale de la casa, sin tomar la copa de la Alabanza ni la de Elías. Interrumpir la cena Pascual era incumplir el precepto e implicaba no renovar la Alianza ese año, algo muy grave para un judío ya que no se le perdonaban los pecados hasta la siguiente Pascua. ¿Por qué no tomo la copa de la redención? San Mateo nos dice que, camino del calvario, “le dieron a beber vino mezclado con hiel”, y que “Jesús lo probo, pero no quiso beberlo” (Mt 27,34). San Juan, sin embargo, nos dice que en lo alto de la Cruz, Jesús mismo lo pidió y lo bebió[2] y que después dijo que todo estaba cumplido (Jn 19,29-30). Nada más beber, Jesús expiró entregando su Espíritu y cumpliendo su misión. Jesús no tomó más vino hasta estar en la cruz, donde bebió la tercera copa de la Cena Pascual, la copa de la Redención, conectando el Cenáculo con la Cruz, la Cena Pascual  y el Sacrificio, la Antigua Alianza y la Nueva. La cena Pascual, nuestra Eucaristía, es el nexo de lo antiguo y lo nuevo y el cumplimiento del más grande amor de Dios hacia los hombres, que se da en la entrega salvadora y redentora de Cristo por medio de su sacrificio. La cena Pascual termina en la cruz y era una cena que con gran deseo esperó que llegara (Lc 22, 15) porque todo se cumpliría en ella. El memorial Finalmente, tenemos que entender que este gran misterio de amor que une lo antiguo y lo nuevo abriendo las puertas del cielo, fue una Pascua eterna y nueva que se mandó a realizar como memorial. El memorial no era un mero recordar, sino que hacía referencia al sacrificio de la Antigua Alianza que se ofrecía por los pecados de los pueblos donde el cordero era comido por el sacerdote que ofrecía y la congregación oferente y que se realizaba por el perdón de los pecados. Jesús manda a realizar el memorial de su pasión, no recordar su sacrificio. En este sacrificio memorial Cristo es el cordero que se da para el perdón de los pecados. La cena pascual judía permitía renovar el pacto con Dios cada año y era preciso que se realizara completa y correctamente, de lo contrario no se daba el perdón de los pecados. Cada Eucaristía nos conecta a la primera y única Eucaristía que empezó en el Cenáculo y terminó en la cruz, alcanzándonos el perdón de los pecados a los que hemos vivido después de Cristo, pues cada Pascua perdonaba los pecados del año anterior, por lo que cada Eucaristía nos alcanza ahora el perdón que brota continuamente de la única cruz salvadora. No sólo no es un mero recuerdo, ni mucho menos algo nuevo y aislado, sino que es un abrir una puerta del tiempo que nos coloca al pie de la cruz, culmen de la Última Cena, para que podamos comer y beber del mismo cuerpo que se dio para el perdón de nuestros pecados hace 2000 años para que todos nuestros actos “sean santificados por la gracia divina que emana del misterio pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, del cual todos los sacramentos y sacramentales reciben su poder”[3]. La Eucaristía no es un acto celebrativo aislado, ni es para ser meramente escuchado, sino que es un abrir la puerta del tiempo y revivir el calvario, por lo que exige al cristiano el querer recorrer el mismo camino, unirse a ese dolor y completar en su cuerpo lo que le falta a la pasión de Cristo (Col 1,24-28), es decir, nuestro “si” libre por el que decidimos se un alter Christus por el que otras personas conocerán a Dios y podrán alcanzar esa misma salvación que permanece abierta como un portal del tiempo y así encarnarla ellos también. Es en este sentido que la Eucaristía “es el cielo en la tierra”[4] porque es el puente entre la acción infinita de Dios y la esperanza de su Amor eterno del hombre. La fuerza de la Eucaristía es la habilitación a llevar la cruz con alegría y amor al cielo, por lo que no se puede vivir como una obligación, ni una tarea más, sino como el centro de la vida del cristiano, es decir, "fuente y culmen de toda la vida cristiana"[5]. Cuando vayamos a misa, recordemos pues que el sacrificio de Cristo ha sido gratuito, pero no ha sido barato. No ha sido algo de un momento, sino un sacrificio plano clavado en la eternidad para nuestra salvación continua. ¿Este jueves 13 de abril de 2017 irás a misa con la misma actitud de siempre? Paz y bien. AyunoXti Fuentes: www.vatican.va www.biblia.catholic.net www.mercaba.org/FICHAS/SACRAMENTOS/EUCARISTIA/seder_eucaristico_judio.htm www.youtube.com/watch?v=iQjzkHuUQD0 (La Eucaristia, Frank Morera) [1] El Séder de Pésaj (en hebreo: סֵדֶר, "orden", "colocación") es el orden que se sigue para celebrar la "Cena Pascual" el primer día de la Pascua, la fiesta de la liberación judía de la esclavitud egipcia. [2] Nótese que el vino se lo presentan a Jesús en una esponja que ponen en una caña de hisopo, que era lo que se utilizaba para rociar la sangre del cordero en los marcos de las puertas hebreas la noche de la Pascua. [3] S.S Pablo VI, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, n.61 (Concilio Vaticano II, 1963). [4] “El cielo en la tierra” es una expresión de Juan Pablo II para designar la Misa, centro y raíz de la vida cristiana (cfr. Scott Hahn, La cena del Cordero , Rialp: Madrid, 2003). [5] S.S Pablo VI, Constitución dogmática Lumen Gentium, n.11 (Concilio Vaticano II, 1964).
27.03.2017
Ayuno por ti
Ningún comentario
Queridos hermanos de Ayuno por ti, la realidad del sufrimiento es un tema que toca intensamente el corazón humano y sobre el que se ha escrito mucho. Es un tema que ha acompañado al hombre durante toda la historia y pertenece a la experiencia fundamental del hombre. Sin embargo, la búsqueda por una respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento nos hace formular cantidades de preguntas. San Juan Pablo II ve las cosas de un modo diverso; “dentro de cada sufrimiento experimentado por el hombre, aparece inevitablemente la pregunta: ¿por qué? Es una pregunta acerca de la causa, la razón; ¿para qué? Una pregunta acerca de la finalidad, en definitiva acerca del sentido”. No obstante, se percibe la respuesta a estas preguntas como una vuelta a la revelación del amor de Dios, como un misterio ante el cual el hombre no tiene respuesta concreta. San Juan Pablo II en su experiencia propia del sufrimiento escribió en Salvifici doloris que “el sufrimiento parece pertenecer a la transcendencia del hombre; es uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto sentido “destinado” a superarse a sí mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo”. Por esta razón la realidad del sufrimiento obsesiona en cierto sentido la conciencia humana; es decir, es algo que siempre ha preocupado a los humanos tanto a nivel individual como a nivel comunitario. El sufrimiento constituye parte de aquellos interrogantes más profundos del hombre. Afirma la constitución pastoral sobre la Iglesia, Gaudium et spes, que “[…] son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué hay después de esta vida temporal?” (GS 10). El intento de buscar una respuesta al origen del sufrimiento y el mal que encontramos en la Biblia sobre la causa física y moral que afecta a toda la humanidad se halla en el relato del Génesis (Gn 3, 1-19). Este texto sin embargo, pone de manifiesto el hecho de que el sufrimiento fue experimentado como penoso y aflictivo porque el hombre no quiso aceptar su limitación y finitud. Por otro lado, esta pregunta encuentra su expresión más profunda a través de la experiencia propia de Job como lo vemos en la Biblia. La impresión que tiene sus amigos era percibir el sufrimiento como consecuencia o pena de algún pecado cometido contra Dios (aún una culpa grave contra Dios). Ahora bien, la respuesta de Job demuestra que no es evidente descubrir el sentido y el origen del sufrimiento porque su sufrimiento es el de un inocente y debe ser aceptado como misterio y, que no se puede comprender al fondo. Esta afirmación de Job nos hace reflexionar profundamente sobre la experiencia de esta realidad y el sentido que tiene para la vida cristiana. ¿Para qué sirve el sufrimiento humano? ¿Hay algo que se puede aprender de sufrimiento? Por tanto, si el sufrimiento no tiene significado ni sentido, pues, se lo considera insoportable o incluso una barbaridad. A la hora de reflexionar sobre este tema, me di cuenta de que para percibir alguna respuesta al sentido de sufrimiento, habría que volver a aquel texto de San Pablo; “me amó y se entregó por mi” (Gal 2, 20). La encarnación de Cristo ha sido una revelación continua de la verdad divina que Dios, el Padre, a lo largo de la historia, había querido revelar a su pueblo. De distinta época y de muchas maneras Dios había revelado su ser y su amor (Heb 1,1-2). La revelación llega a su cumbre en la encarnación de Cristo. El evangelista Juan nos introduce a esta dimensión de la revelación y, al mismo tiempo, de la redención: “Dios amó tanto al mundo que entregó a su hijo para que todo que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). Por tanto, la pasión de Cristo nos habla de un amor incondicional, de un don absoluto de Padre a los hombres. La pasión de Cristo es directamente proporcional al amor del Padre. Es sólo a partir del amor que se puede entender el porqué del sufrimiento y su sentido. Si no hay amor, el sufrimiento no tiene ningún sentido ni significado. El amor da sentido y significado a la vida del hombre y en particular, a su sufrimiento. En el sufrimiento alcanzamos nuestro ser, y en él entramos en una dimensión completamente nueva. Por su sufrimiento Cristo nos une con el Padre y su cruz se convierte en una fuente de la que brotan manantiales de agua viva. Cristo ha recorrido el camino del amor en la aceptación del sufrimiento y se hirió por nuestras rebeldías y fue molido por nuestras culpas. El profeta Isaías lo subraya muy bien en el cuarto canto del Siervo; “Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca. No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia que lo hacía deseable. Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos. Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados” (Is 53, 2-6). En su sufrimiento encontramos distintas etapas: la detención, la humillación, los escupitajos, el desprecio de la dignidad, el juicio inicuo, los golpes, la flagelación, la corona de espina, el camino de la cruz, la crucifixión, la agonía y finalmente su muerte. Todos estos hechos muestran la respuesta más completa al interrogante y al sentido por la experiencia del sufrimiento. Jesús voluntariamente aceptó el sufrimiento como donación de su vida: “por eso me ama el Padre, por que doy mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente” (Jn 10, 17-18). En la pasión de Jesús el sufrimiento llega al grado más absoluto, la cumbre del amor verdadero. Él nos amó hasta el extremo. Por tanto, la solución o respuesta sobre el sentido del sufrimiento, Cristo la ha encontrado en el amor porque Él mismo ha podido experimentar la realidad del sufrimiento y ha podido sobresalir. En la carta exhortación del Salvifici doloris, San Juan Pablo II señala que “es en la cruz donde debemos plantearnos también el interrogante sobre el sentido del sufrimiento, y leer hasta el final la respuesta a tal interrogante” (Salvifici doloris, n. 18). La vocación del hombre a cual Dios llama a todos los hombres es la vocación de amar a Dios y al prójimo. No es extraño que el primer mandamiento gire en torno al amor. De hecho el “Shema Israel” tiene el amor como centro de la vocación humana: “escucha Israel, Yahvé nuestro Dios es único. Amarás a Yahvé tu Dios con toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón estas palabras que yo te he dicho hoy” (Dt 6, 4-6). Este primer mandamiento pone de manifiesto el amor como la base de la vocación del hombre. Por tanto, la vocación a la cual Cristo llama a los hombres es la de participar en su misión. La participación en su misión supone el seguimiento. Pues, quien se encuentra en comunión con Jesús ha de irse detrás de él; “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Mc 8,34; Lc 9,23). En este seguimiento y renuncia de uno mismo el hombre se descubre a sí mismo y desde ahí da sentido al sufrimiento. En el sufrimiento se manifiesta la grandeza del amor porque en él está contenida una particular llamada a la virtud, que el hombre debe ejercitar por su parte. El sufrimiento concede al hombre la oportunidad de pensar de un modo nuevo y diverso y al mismo tiempo, le da la oportunidad de poder captar lo esencial de la vida; el amor. De todos modos, el sufrimiento es, ante todo, una llamada y una vocación y, a la vez, una gracia de Dios. La vía del sufrimiento nos hace participar en la vulnerabilidad y en el carácter misterioso de Dios. Dice la constitución sobre la Iglesia, Guadium et spes, “el hombre es la única criatura terrestre a la que Dios ha llamado por sí mismo y no puede encontrar su propia plenitud si no en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (GS 24). Por eso, podemos decir que el sufrimiento es una prueba que tiene una finalidad, la de transformar la condición humana. La experiencia de sufrimiento en el hombre no es más que consecuencia y expresión de su existencia cristiana; manifestaciones y medios por los que va realizando su misma perfección. Así, como Cristo llega a la plenitud por el sufrimiento (Heb 2,11), del mismo modo nosotros alcanzaremos la nuestra, porque si con Él morimos, también con Él viviremos. Si sufrimos con Él, con Él reinaremos (2 Tim2, 11-12). El hombre está llamado a participar en ese sufrimiento por medio del cual todo sufrimiento humano ha sido también redimido. En su experiencia vocacional, san Pablo expresa claramente el sentido que se ha de dar el sufrimiento; “ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo” (Col 1,24). Esta misma doctrina la resuena Pablo en la carta a los Romanos: “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios, coherederos con Cristo, supuesto que padezcamos con Él para ser glorificados” (Rom 8, 17). Por otro lado, la experiencia de sufrimiento en la vida de los santos hace pensar en el valor y el sentido que se da sobre esta realidad. A lo largo de los siglos se ha ido constando que el sufrimiento se esconde una fuerza particular que acerca interiormente al hombre a Cristo. Por tanto, el sufrimiento no puede ser transformado con una gracia exterior, sino interior, y en él se esconde una fuerza particular que acerca interiormente al hombre a Cristo; una gracia especial. Todo esto, a los ojos del mundo en que vivimos, es totalmente incomprensible. ¿Sufrir y ser feliz? Es una locura. La persona que no se abre a la dimensión cristiana de la vida, no podrá entender el sentido que se puede dar al sufrimiento. La Cruz de Cristo es nuestra victoria. Cristo, desde la cruz, dio sentido a nuestra vida. Dio sentido a todas las dimensiones de nuestra vida. Incluso las más difíciles de aceptar. Aquellas que son profundamente dolorosas y causan mucho sufrimiento. ¿En quién ponemos nuestra esperanza? ¿En quién buscamos las respuestas para nuestras vidas? ¿Quién es capaz de darle un sentido real a nuestra existencia? No se trata de buscar sufrir, sino de aprender a sufrir. Para ello, miremos a Aquél que venció y le dio sentido al dolor. Seamos felices con el horizonte que nos presenta Cristo, para darle sentido a todo lo que implica vivir. Me despido con un fraternal abrazo en Cristo. Un sacerdote de AyunoXti Consultas: sacerdotefjpm@ayunoporti.es
27.02.2017
Ayuno por ti
2 Comentarios
Este 1 de marzo de 2017 empezaremos el período de Cuaresma, un tiempo de purificación para llegar a vivir más santamente la Pascua, el momento  central del año cristiano y que entraña el mayor misterio del universo: la muerte y resurrección de Cristo, el Salvador del mundo. Si bien en este tiempo Cuaresmal es tradicional el ayuno, la oración y la limosna, es fácil poder constatar que actualmente el ayuno es el más desvirtuado de todos. A partir del siglo V, en la Cuaresma, sólo se permitía una comida, hacia la tarde-noche. La carne estaba prohibida, incluso los domingos. Las carne y el pescado, y en muchos lugares los huevos y los productos lácteos, estaban absolutamente prohibidos[1]. Con el tiempo, además de haber sido reducido a dos días al año, el ayuno es reducido en muchas ocasiones a una mera renuncia de críticas, al menor uso de las redes sociales o del móvil, a la falta de reproches, a la expresión de tristezas y preocupaciones. Desde AyunoXti, sin desmerecer ese tipo de ayuno, queremos plantear un enfoque muy distinto aportando unas consideraciones importantes. Lo primero es que el ayuno, entendido como una importante privación de alimentos o de una alimentación a pan y agua, no debe de entenderse como una práctica sólo penitencial, sino sobre todo como un modo de orar con todo el cuerpo desde lo más necesario, que es el comer y el beber, y de estar en la presencia constante de Dios. El ayuno a pan y agua, por ejemplo, nos recuerda en todo momento una necesidad que permanece consciente a lo largo del día y que de forma continua nos devuelve la mirada al cielo recordándonos los motivos de esa elección y entrega. Lo segundo es que el ayuno es un sacrificio no postergable. Las redes sociales, las compras, y otros muchos ayunos modernos que no se realicen a lo largo del día, o incluso a lo largo de la Cuaresma, pueden recuperarse por la noche, pero lo que no se ha comido no, por lo que la exigencia es mayor. El ayuno, en tercer lugar, es recomendado en el mismo Evangelio (Mt 17,21) para librar una batalla que no se puede realizar con la sola oración. Jesús hablaba del ayuno en términos clásicos de no comer apenas, no tanto la reducción de malas intenciones y esfuerzos personales en las virtudes. A pesar de ello, no se trata de elegir, sino de sumar. Quien decida rezar y ayunar de malas intenciones, malas palabras, críticas, tristezas o enfados, si lo intenta realizar en ayunas, descubrirá un trabajo totalmente diferente. El ayuno descubre todas nuestras debilidades y las pone de manifiesto promoviendo la humildad y el autoconocimiento. El ayuno desvela nuestro yo más propio. Hay quienes se hacen más criticones, quienes se descubren más gruñones o quienes se sienten malhumorados o simplemente débiles. El ayuno así entendido, entonces, nos propone una purificación interior mucho más profunda y valiosa para nuestra santidad y para nuestra oración. Cuarto. El ayuno a pan y agua lo pide la Virgen María en prácticamente todas las apariciones: desde las más conocidas y reconocidas por la Iglesia, como Fátima o la Salette, a las que están reconocidas por la Iglesia pero no son muy conocidas, como Akita (Japón) o El Cajas (Ecuador), hasta las que están actualmente en vigor como Medjugorje[2] y a la espera de un pronunciamiento oficial, pero que deja claro los frutos a quienes lo conocen de cerca. Ya en la Didaché[3] observamos que se mandaba a ayunar los miércoles y viernes, pero si la Santísima Virgen María insiste tanto en el rezo del rosario y la práctica del ayuno, debería bastarnos para iniciarnos, corriendo y con alegría, a asumirla durante todo el año y reservar la Cuaresma para llevar al máximo la oración y la perfección en las virtudes más puras. El ayuno es la mejor forma para luchar contra las fuerzas del mal[4] porque nos devuelve la mirada a nuestra debilidad, nos recuerda lo frágiles que somos, aquilata nuestra capacidad de amar y hace que lo que salga sea más fuerte y más verdadero. En AyunoXti somos más de 120 personas que ayunamos los miércoles por la Iglesia, el Papa y los sacerdotes, así como las intenciones de nuestra Madre del cielo. Pero además cada vez incluimos unas intenciones particulares que nos llegan. Nos piden que les apoyemos y recemos para la conversión de sus seres queridos, para su sanación, para la salvación de matrimonios y la salud de enfermos de cuerpo y mente, etc. Esta Cuaresma proponemos doblar los esfuerzos y ayunar el doble. Quien ayune sólo una comida, que intente dos, quien un día que añada otro, quien ayuna dos que añada alguna renuncia. Es un tiempo importante para unirnos en oración y contricción y pedir por este mundo que cada vez se aleja dramáticamente más de Dios para lanzarse en las manos del orgullo, lo material, el libertinaje, los apetitos menos nobles o el poder y las guerras. Es necesaria una profunda renovación interior y una urgente reparación del Corazón de Jesús y ¿qué mejor tiempo para adentrarnos en una honda transformación interior que la Cuaresma? Únete a nosotros y recuerda: Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Que pasemos todos una feliz Cuaresma y podamos acercarnos más a Dios, a los demás y a nosotros mismos. Paz y bien. AyunoXti www.ayunoporti.es FB:    @ayunoporti Inst:  @ayunoxti [1] Cfr. http://es.aleteia.org/2013/03/06/cual-es-el-origen-de-la-cuaresma [2] “Pido a las personas, que oren conmigo estos días y que oren lo más posible. Que además ayunen de forma estricta los miércoles y los viernes; que recen cada día, cuanto menos el Rosario completo: los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos” (Medjugorje, 14 de agosto de 1984). [3] La Didaché es el documento más importante de la era post-apostólica y la más antigua fuente de legislación eclesiástica que poseemos. Es un compendio de preceptos de moral, de instrucciones sobre la organización de las comunidades y de ordenanzas relativas a las funciones litúrgicas que nos dan un precioso cuadro de la vida cristiana en el siglo II. Cfr. www.mercaba.org/TESORO/didaje.htm [4] Cfr. S.S. San Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 100.Tambien cfr. Mt 4, 1-11.
23.02.2017
Ayuno por ti
Ningún comentario
Dios responde siempre, pero no cómo queremos, ni cuándo queremos, pero su manera es siempre buena y siempre la mejor. Esa espera es un regalo, es un canto a la esperanza. Prepara a los demás para que la vean en ti como una clara obra de Dios, prepara tu corazón para acoger la respuesta. Espera el momento adecuado para que luego no se marchite la aceptación, sino que como semilla caída en tierra buena, dé fruto y fruto en abundancia. Esa demora aumenta tu deseo convirtiendo tu corazón en un corazón esperanzado, deseoso y convencido en su petición. Ensancha la capacidad de amar porque le ayuda a enfocar sólo lo realmente necesario, depurando y aquilatando sus deseos inútiles y sus impurezas. Esa espera quiere enseñarte algo, quiere que aprendas a estar alegre en la espera y confiado en la actitud. Pueden pasar años hasta que sepas porqué, pero la oscuridad más densa es justo antes del amanecer, y la mayor desesperación ocurre justo antes de la Salvación! La vida parece larga, pero no es sino un suspiro antes de la eternidad. Confía en el Señor, ten ánimo, se valiente y espera. Todo se te mostrará en su valor y su sentido. Y sabrás que todo era para mayor bien tuyo y mayor Gloria de Dios. Unidos en Jesús y María. Paz y bien AyunoXti www.ayunoporti.es
Muy queridos todos, Gracias a todos por apoyaros en AyunoXti y hacernos llegar vuestras peticiones.  A muchas de vuestras peticiones hemos ido contestando unas palabras por diferentes razones. No hemos podido contestar a todos porque hemos recibido muchísimas peticiones y hemos tenido que discernir el modo más adecuado de atender todas las peticiones de la mejor forma posible. De atender las peticiones como siempre, una por cada miércoles, nos retrasaríamos dos años por lo menos en atenderlas, así que hemos pensado en reorganizar el criterio de aplicación de las peticiones. Al ser un grupo de un centenar de ayunadores y al estar en continuo crecimiento ya podemos asumir varias peticiones a la vez. Tras evaluar cientos de peticiones hemos decidido fijar una intención general que será por el Papa y todos los sacerdotes, especialmente los obispos y los más necesitados, y la paz en el mundo, que está cada vez más en peligro y por la que muchos habéis pedido. Luego iremos agrupando las peticiones en función de categorías. Muchos habéis pedido la conversión de familiares, por problemas de salud, por matrimonios en peligro, por dependencias varias (drogas y alcohol sobre todo) y problemas de trabajo. Pues iremos rezando por las intenciones parecidas pero siempre teniendo presente vuestros casos particulares. Finalmente, si es preciso, destacaremos una que tenga alguna característica más urgente (aunque es una tarea muy delicada que esperamos hacer con la ayuda del Espíritu Santo). Algunas peticiones para conseguir dinero, éxito empresarial u otras muy vagas que no dejan a entender qué se pide (como "sueños personales", una "gran ilusión", etc.), no podemos atenderlas porque sin ser malas en sí, no suelen ser caminos que Dios suela proponer. Más bien el Señor suele invitarnos a caminar en el desprendimiento de nosotros mismos, del éxito en este mundo, de las riquezas materiales, de los apoyos de este mundo (desde la ciencia y la tecnología, a ideologías varias como la ideología de género) y nos invita a vivir una pobreza que es necesaria para descubrirlo en lo sencillo, lo invisible y cotidiano de cada día, en las relaciones personales cercanas (hijos, vecinos, esposos, etc.) en su Iglesia. El Señor nos pide tener la mirada puesta en el cielo, en lo espiritual, en el abandono a su amor, entregándole nuestras preocupaciones y miedos. Para Él nada es imposible, pero quiere que se lo pidamos con fe, que mantengamos sólo en Él nuestra esperanza y que perseveremos en esperarlo todo de Él, aunque no pueda atender nuestras peticiones como nosotros queremos. El peligro, en definitiva, es pedirle a Dios que encaje en nuestros planes y expectativas y no abandonarnos nosotros a sus planes. ¿Pero no sabe más Él que nosotros? ¿No nos ha demostrado ya con abundancia su amor y preocupación por nosotros? Así que pidamos sobre todo ayuda para llevar la cruz, fuerzas para permanecer con fe, gracia para convertirnos cada día más. Si pedimos esto, el resto nos lo dará por añadidura. Muchos problemas que nos han llegado son "pruebas" o "cruces" de amor de las que emana salvación para muchas personas, pues el sufrimiento no es inútil, el ofrecimiento no es vano. Cuando es por amor, Dios lo eleva a acto "corredentor" que nos une a su pasión. Por eso dijo San Pablo con esperanza y alegría "completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo" (Col 1, 24), porque no se trata sólo de creer en Cristo, sino de amarle, incluso padeciendo por Él (Flp 1, 29). El cristiano enamorado de Dios tiene una vocación a sufrir en comunión con el Señor y a beneficio de la comunidad eclesial (cfr. LG 8). Que nuestras peticiones sean por lo tanto signo de nuestra fe en el amor de Dios y un modo de alcanzar su corazón desde la súplica filial, pero sobre todo para aprender a entrar en el misterio del sufrimiento por amor. Todos los ayunadores nos unimos en este ofrecimiento personal por las intenciones de cada uno de vosotros para que sepáis que no estáis solos. La Iglesia está con nosotros y en ella estamos con Cristo. Somos Iglesia. Esta vida pasa rápidamente y no sabemos cuánto tiempo tenemos. No se trata de tener salud y vivir más o mejor, ni de evitar el dolor o la incomodidad, sino de trabajar en el amor para vivir y morir santamente, porque estamos hechos para el cielo. Algunos nos habéis mandado peticiones de gran envergadura. Son los casos que hemos tratado de contestar ya personalmente, pero nos parece bien resumir unas indicaciones útiles para todos. Ni es prescindible en esos casos el ayuno, ni se puede contemplar el ayuno como única solución (menos que menos el de un sólo miércoles). Para favorecer al máximo que Dios nos escuche y el éxito de nuestro ofrecimiento es imprescindible tratar de llevar una vida los más santa posible. ¿Qué significa esto? Lo más importante lo podemos resumir en: - Vivir con sinceridad, respeto y devoción los sacramentos, especialmente la eucaristía (lo más frecuente posible) y la confesión; - Rezar el rosario todos los días (aunque esto implique renunciar a deporte, ocio, TV, o comodidades varias); - Rezar de corazón varias veces al día al Señor tratando de tener un diálogo continuo con él, que está vivo y atento a lo que le decimos; - Buscar un director espiritual que sea de oración y nos pueda ayudar en el discernimiento; - Abandonar el deseo de encajar en el mundo, en su deseo de éxito material y reconocimiento, abrazando una vida sencilla y humilde; - Poner al centro de nuestro día al Señor confiando en Él, no en nuestro planes, es decir, buscar su voluntad en todo momento; Pero también es importante buscar la pureza (en el cuerpo, la mirada y en el lenguaje), vivir en la verdad rechazando TODA mentira, no criticar ni murmurear o cotillear (aunque creamos tener razón), hacer un ofrecimiento a Dios por la mañana y rezarle antes de comer, dormir, bendecir y nunca maldecir, pero sobre todo acordarse de la Virgen María como una madre que siempre nos cuida y por la que podremos recibir todas las gracias de Dios. A ella nos encomendamos y le pedimos auxilio en nuestra comunidad de oración y ayuno. Un saludo en el Señor y que Dios os bendiga AyunoXti www.ayunoporti.es 
29.06.2016
Ayuno por ti
Ningún comentario
Hemos descubierto una plataforma de un grupo de personas que desde la fe católica tratan de ayunar y rezar el rosario por quienes tengan necesidades y así se lo pidan. Hemos realizado una entrevista al iniciador de esta actividad para conocer un poco en qué consiste esta plataforma y os la dejamos a continuación. ¿Qué es Ayuno por ti (AyunoXti)? AyunoXti es un grupo de personas, que no necesariamente se conocen entre sí, que se propone ayunar a pan y agua cada miércoles, así como rezar el rosario despacio y con devoción, por las intenciones que se recogen por medio de la página web www.ayunoporti.es o el correo ayunoporti@gmail.com La idea es recibir peticiones especialmente difíciles y que necesitan de especial oración. A lo largo de todo el día de ayuno (los miércoles), los ayunadores, tratamos de tener presente la intención del día y realmente pedir a Dios, entre todos, que escuche nuestra súplica. A los que nos formulan sus peticiones les pedimos que también ellos recen y ayunen, pues la idea es que nosotros nos unimos a su intención. Es decir, la idea no es que nos encarguemos nosotros de la petición, sino de acompañar con fuerza a quienes tienen una intención importante y necesitan a una comunidad que les ayude en esa petición. ¿No hay ya plataformas que hacen esto? Si, las hay. Hay otras ideas como May Feelings. Son comunidades y redes sociales dedicadas a compartir las intenciones y necesidades de muchos. Pero AyunoXti es diferente. Existe una implicación más concreta y personal, pero sobre todo más sacrificio por parte de quien recibe la petición. Cada miércoles se pide por una sola intención de forma muy intensa y a algunos les exige mucho esfuerzo. A los ayunadores se les explica la situación para que la hagan suya y la encomienden especialmente. También hay muchas páginas webs que hablan del ayuno e incluso de maratones de ayunos de varios días, pero sorprende que ninguna sea católica y las que no son religiosas tienen relación con la dieta y la salud. AyunoXti está en profunda comunión con la Iglesia Católica y pretende mostrar que los católicos también pueden ayunar, aunque sí es cierto que somos bastante pocos y que los protestantes y los ortodoxos nos llevan cierta ventaja. Un católico, propiamente, debería ayunar dos veces al año, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo y es un ayuno  poco exigente comparado con otras confesiones. Sólo permanece la abstinencia de los viernes y ésta es obligatoria (en el sentido de no sustituible por una oración o sacrificio) sólo en tiempo de Cuaresma. Desde siempre la Iglesia realizaba dos días a la semana de ayuno, pero esto se perdió y ahora incluso los musulmanes, con el Ramadán, nos superan en este tipo de práctica. ¿Por qué el ayuno? Bueno, como dice nuestro Señor a sus discípulos (Mt 17,21), hay problemas que no se van sin ayuno y oración, es decir, no se resuelven simplemente pidiéndolo, sino con esfuerzo y fe. Hay que entender que Dios muchas veces no concede lo pedido en seguida, a pesar de ser bueno y correctamente propuesto, por varias razones. Desea que le demostremos lo mucho que lo deseamos, que confiamos en él por encima de todo y aún más que lo pidamos con corazón sincero y confiado. La espera acrecienta el deseo, purifica la intención y ensancha el agradecimiento cuando somos escuchados.  En muchos momentos del Antiguo Testamento el ayuno y la oración han aplacado la ira de Dios y han conseguido su favor. En las primeras comunidades cristianas el ayuno era muy frecuente como agradecimiento, como preparación a grandes viajes o elecciones (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5) y los Padres de la Iglesia hablan mucho de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado. Es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquél que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332). El ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía S.S. San Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). El ayuno es la vía más potente si es acompañada por la oración verdadera y una vida sacramental profunda, porque exige renunciar a algo muy cercano a nosotros, algo necesario, algo que duele y cuya necesidad se hace presente por sí misma en todo momento. ¿Y qué ayuno realizáis? El ayuno que propone la Iglesia en la actualidad es una comida normal al día y las otras dos muy frugales, aunque se puede repartir esa comida en tantas veces como se estime oportuno a lo largo del día. No es un ayuno especialmente fuerte, y además “el agua no rompe el ayuno” . Nosotros proponemos el mismo ayuno que pide la Virgen de Medjugorje: a pan y agua. Es un ayuno que no deja pasar propiamente hambre, pero propone renunciar al gusto y a los caprichos y vicios como los sabores, el café, los caramelos, los postres, etc. Es decir, no se trata propiamente de pasar hambre y es especialmente indicado para quienes necesiten fuerzas. Es importante beber mucha agua y tomar un pan rico en cereales y sal, pues de lo contrario es fácil que aparezcan mareos, debilidad, jaquecas, etc. síntomas que el demonio usa a menudo para que el ayunador desista en su tarea, pues sabe el bien enorme que supone y las gracias que arranca al Señor. ¿Qué se necesita para ayunar? En principio sólo quererlo. Pero para eso es preciso tener una cierta sensibilidad primero al dolor del Corazón de Jesús y luego al sufrimiento de los hermanos, aunque tener un fuerte agradecimiento de todo el bien recibido o el buscar formas concretas y exigentes de demostrárselo es otra posibilidad. Puede que el ayuno no sea el único modo para demostrarle al Señor que le queremos, pero no se trata de encontrar un modo, sino todos los que podamos ya que el Señor, que lo da todo, también lo pide todo. Pero si vamos a la parte más práctica de lo que se necesita para ayunar con nosotros, diría que es preciso querer hacerlo, discernirlo en la oración y consultarlo con un director espiritual que pueda guiarnos. Esto último lo aconsejamos especialmente. ¿Cómo funciona por dentro? Muy sencillo: recibimos las peticiones y las ordenamos cronológicamente. Cada martes se manda la petición a todos los ayunadores para que el miércoles la tengan presente. Algunos hacen el ayuno todo el miércoles, otros lo que pueden, pero caminamos juntos. También se avisa a quien solicitó el ayuno para que pueda ayunar con nosotros y rezar el rosario. Somos un grupo anónimo de sacerdotes, consagradas, solteros y muchos matrimonios. Algunos no pueden realizar el ayuno el miércoles por cuestiones de trabajo, pero lo trasladan a otro día. Es un grupo muy creativo y con muchas ganas de ayudar. En general son personas con mucho interés en reparar las heridas del Corazón de Jesús y muy enamorados de la Virgen María. La fuerza viene de este amor. Si hay intenciones de un calado o urgencia especial, normalmente son adelantadas en el calendario. Es decir, no rechazamos, en principio, peticiones menores, pero si son sujetas a ser trasladadas.  ¿Qué es una petición menor? Bueno, cada petición es muy importante para el que la tenga en el corazón y eso es incuestionable, sólo Dios lo sabe. Pero una petición para mejorar el trabajo, para que alguien apruebe un examen o su hijo se decida en una carrera universitaria, son muy distintas a una intervención cerebral de vida o muerte, una posesión diabólica, un deseo de superar una infidelidad matrimonial o la conversión de alguien que lo está intentando, pero no se decide. Es decir, se trata sobre todo de peticiones que exijan una intervención especial del cielo con una Gracia necesaria por parte de Dios. ¿Y cómo se puede colaborar con vosotros? Pues es sencillo, solo hay que entrar en www.ayunoporti.es/contacto-y-calendario y rellenar el formulario. Nosotros pondremos a ese correo en una lista de distribución y ya está. Lo mismo para las peticiones. Lo único que para las peticiones pedimos que sean de una en una, bien formuladas y concretas. Todos son bienvenidos a este gesto de caridad fraterna y de comunión en la medida de las posibilidades de cada uno. Si uno sólo puede rezar por nosotros o difundir nuestra actividad para que otros puedan decidir sumarse  o apoyarse en nosotros, también es bienvenido y estaremos muy agradecidos. Me gustaría terminar con nuestro lema principal para animar a muchos a probar las maravillas del ayuno y recordar que Dios no escoge a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Así que ¡ánimo, que Dios te puede estar llamando! Muchas gracias. Fuente: http://www.infofamilialibre.com/index.php/familia/espiritualidad/item/1304-ayunoxti
29.06.2016
Ayuno por ti
1 Comentarios
Entramos en una providencial campaña en el mes de Julio para darnos a conocer y poder ser más personas que ayunemos por amor a Dios y por los demás. "Religión en Libertad" publica un artículo sobre AyunoXti. Esperemos que dé mucho fruto y sigamos creciendo como lo que somos: una comunidad de personas que a pesar de no conocernos seguimos unidos por el amor a Dios, el amor a la Iglesia y el amor a los hermanos que lo necesitan. Ayúdanos a difundir esta iniciativa. Estamos en Facebook y en nuestra web www.ayunoporti.es, pero puedes pasarlo por WhatsApp y otras redes. Gracias y que Dios te bendiga. El artículo: www.religionenlibertad.com/grupo-voluntarios-que-ayuna-contigo-por-tus-intenciones-asi-50529.htm Paz y bien AyunoXti

CONSULTA A SACERDOTE

Si necesitas ayuda o consejo, puedes escribir a un sacerdote católico que tratará de ayudarte y aconsejarete lo mejor posible.

"Ayuno por ti"

"En cuanto a esta clase de demonios, no se les puede expulsar, sino por medio de la oración y el ayuno"

(Mt 17, 21)

VISITAS:

ENLACES INTERESANTES

Síguenos en Fecebook:

Recomiéndanos en las redes:

Comparte nuestra web. ¡Nos ayudarás mucho!